47. Alonsotegui

SITUACIÓN ESTELA: Sin documentación de su existencia


NOMBRE: ADOLF HERMANN

UNIDAD: Kampfgruppe K/88 (Grupo de bombarderos) 

PUESTO: Sargento primero

MUERTO EN ACCIÓN DE GUERRA

FECHA: 4/01/1937

NOMBRE: HERBERT BAROWSKI

UNIDAD: Kampfgruppe K/88 (Grupo de bombarderos) 

PUESTO: Sargento

MUERTO EN ACCIÓN DE GUERRA

FECHA: 4/01/1937

NOMBRE: PAUL ZIEPP

UNIDAD: Kampfgruppe K/88 (Grupo de bombarderos) 

PUESTO: Suboficial

MUERTO EN ACCIÓN DE GUERRA

FECHA: 4/01/1937

NOMBRE: HANE SCHÜL

UNIDAD: Kampfgruppe K/88 (Grupo de bombarderos) 

PUESTO: Cabo

MUERTO EN ACCIÓN DE GUERRA

FECHA: 4/01/1937


El 4 de enero de 1937, sobre las tres de la tarde, se produjo un bombardeo sobre Bilbao por parte de la aviación alemana que combatía para la causa sublevada, desde noviembre de 1936 oficialmente llamada Legión Cóndor. Era el segundo intento de ese día; el primero, por la mañana, efectuado por cazas alemanes que operaban desde Vitoria-Gasteiz, fue desbaratado por la aviación republicana. Pero esa misma tarde volvieron, esta vez acompañados por nueve bombarderos trimotores Junkers Ju-52, para castigar nuevamente Bilbao y a su población civil (otras fuentes hablan de 5 Junkers Ju-52 alemanes, cuatro Fokker VII de la aviación sublevada, junto con la escolta de 13 cazas Heinkel He-51 también alemanes). De nuevo la aviación leal salió al encuentro de esta nueva incursión con los pocos aviones de que disponían. Como consecuencia, la formación sublevada quedó rápidamente deshecha y los bombarderos soltaron sus bombas desordenadamente para tratar de huir. Sin embargo, en el combate que se entabló, uno de los bombarderos cayó envuelto en llamas a cambio de uno de los cazas defensores que también fue derribado; la propaganda republicana habló de cuatro aviones enemigos derribados y, ni tan siquiera, admitió la pérdida del aparato propio, aún cuando su piloto murió en el accidente. Dos de los tripulantes del bombardero consiguieron saltar en paracaídas, fueron el sargento primero Adolf Herrmann, posiblemente artillero del avión, y su compañero el radiotelegrafista Karl Gustav Schmitd, de 21 años y natural de Rostock (Mecklemburg). Finalmente, el aparato se estrelló cerca de Alonsotegi; Adolf Hermann descendió en la zona de Jaro de Arana cayendo en manos de civiles, inmediatamente fue linchado y muerto; Schmitd, sin embargo, fue arrastrado por el viento hasta Enekuri, donde rápidamente fue detenido y conducido a lugar seguro en los locales de Presidencia del Gobierno Vasco.
Esa misma tarde, una multitud enfurecida por tantos bombardeos impunes sobre la población civil, asaltó las cárceles de Bilbao produciendo una terrible matanza entre los prisioneros allí retenidos.
Se muestra aquí un documento único, pues se trata de una entrevista a Karl Gustav Schmitd en su prisión. Esta entrevista está realizada por Cecilia G. de Guilarte, reportera del periódico anarquista CNT del Norte, y publicada en dicho periódico el 7 de enero de 1937.

El 4 de enero de 1937 sonaban las alarmas en Bilbao y en las márgenes de la ría con toque preventivo. Aunque por la mañana una acción de reconocimiento rebelde ya fue ahuyentada por cinco cazas Polikarpov I-15 republicanos, tras el nuevo toque de alarma se elevaron sobre los cielos de Bilbao ocho aviones “cazas” gubernamentales en defensa de la ciudad. A los diez minutos se observaba que los aparatos leales realizaban un movimiento extraño, éstos marchaban en dirección al mar y regresaban poco después a gran altura. Mientras tanto, cinco Ju-52 salidos de Burgos y cuatro Fokker españoles de Vitoria, escoltados por trece cazas He-51 alemanes, se acercaban a la capital. Los cazas leales marcharon al encuentro con el objetivo de que los bombardeos no lanzaran sus cargas mortíferas sobre la villa bilbaína y provocar que la formación del enemigo se quebrara. Acto seguido los antiaéreos terrestres y navales gubernamentales disparaban sobre los aviones enemigos. El resultado de este combate aéreo fue el derribo de un trimotor Ju-52 de la 3.k/88 por fuego de un caza leal, pilotado por el soviético K.A. Baranchuk, que perforó el motor del aparato germano. El bombardero estaba a gran altura incendiado y en posición normal, circunstancia que le dotaba de la estabilidad suficiente para que dos aviadores teutones pudieran saltar del aparato en paracaídas. Sin embargo, al llegar a la altura de Bilbao se le vio entrar al avión en barrena en el alto de Iturrigorri, a espaldas del monte Arraitz, cayendo definitivamente hacia la parte de Alonsótegui y cerca del caserío “Arana”. Entre los restos del aparato incendiado se encontraron los cadáveres carbonizados de tres aviadores: el radiotelegrafista con graduación de brigada (Feldwebel) Herbert Barowsky; el cabo (Gefreiter) Hans Schull y el sargento (Unteroffizier) Paul Ziepp. Pompeyo Alonso, mecánico del campo de aviación de Lamiako, contaba que junto a un chófer llegaron al lugar del siniestro “retirando dos de los tres motores del bombardero alemán que condujeron, acto seguido, al recinto de la Alcoholera”16. Mientras tres tripulantes morían carbonizados en el accidente, otros dos tuvieron la oportunidad de lanzarse en paracaídas: el subteniente (Oberfeldwebel) Adolf Hermann y Karl Gustav Schmidt. Según las informaciones consultadas, A. Hermann cayó en el barrio bilbaíno de San Adrián, entre Torre Urizar y Los Mimbres, siendo linchado por la multitud que le aguardaba en tierra. George Steer señala que las circunstancias de la muerte de Hermann no estaban claras. Algunos dijeron que sacó una pistola y disparó contra la multitud, matando a una mujer y a uno de la milicia. Sin embargo, el Gobierno Vasco comentó que primero disparó el miliciano sobre Hermann, éste falló el tiro y mató a una mujer. A continuación, Hermann comenzó a disparar sobre su adversario y le hirió en un brazo de un balazo17. Fue entonces cuando la multitud se ensañó con éste y con su cadáver pues fue colocado en una tabla y arrastrado por Bilbao18. El cuerpo llegó hasta la sede del Gobierno Vasco, mostrado por la multitud como un trofeo, hasta el punto de que las autoridades vascas llegaron a pensar que éste era un muñeco. El otro joven aviador, Karl Gustav Schmidt, a impulsos del viento y por la altura en que se arrojó, fue a caer en las proximidades de Enekuri, en el Valle de Asua. Al tomar tierra sufrió contusiones en la espalda. Cerca de allí estaba el campo de Sondika donde había aterrizado con dificultad uno de los cazas republicanos pilotados por un ruso. Debido a la ira producida por el bombardeo tampoco faltó en el Valle de Asua quien pretendiera linchar al aviador teutón. El joven germano empuñó su pistola y se atrincheró en un desnivel del terreno donde ofreció resistencia. Uno de los que protegió al aviador con pistola en mano fue precisamente el aviador ruso que se enfrentó con él durante aquella jornada. Mientras el piloto teutón fue conducido como prisionero de guerra a la sede del Gobierno Vasco en Bilbao, la turba se dirigió a la legación diplomática soviética en Bilbao, justo detrás de la sede del Gobierno Vasco, para pedir la cabeza del aviador. No obstante, Joseba Rezola, secretario general de Defensa, requirió a Amós Ruiz Girón, comandante del batallón Disciplinario, que trasladara al aviador hasta Portugalete y “con la máxima reserva” se encargase de su custodia, vigilancia y protección. Poco después, el joven germano fue entrevistado por Cecilia G. Guilarte, reportera del periódico CNT del Norte y compañera sentimental de Amós Ruiz, dejando la joven cronista clara su postura respecto a aquellos que habían abandonado su hogar para sembrar la muerte y el dolor entre los que ni siquiera conoce: “no pagaría con cien vidas tanta maldad”

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