12. Eskoriatza

SITUACIÓN ESTELA: En el lugar original, frente a la iglesia del barrio de Zarimutz.



 NOMBRE: WILHELM (AUGUST) BLANKENAGEL

UNIDAD: Jagdgruppe J/88 (Grupo de cazas)

PUESTO: Teniente

MUERTO EN ACCIÓN DE GUERRA

FECHA: 1/04/1937


Como curiosidad, la estela permaneció tirada en la campa frente a la iglesia hasta que el pueblo decidió recuperarla y mantenerla al considerar que forma parte de su historia.

De https://www.euskalmemoriadigitala.eus/bitstream/10357/48984/1/6_Herrero_Santamarina.pdf

El día 1 de abril de 1937, jornada posterior al comienzo de dicha ofensiva, una escuadrilla de aviones volaba sobre las posiciones republicanas de Aramayona. Con fuego de fusilería y ametralladora los defensores se pegaron al terreno y consiguieron abatir uno de los aparatos, un He-51 del 1.J/88, que fue a caer envuelto en llamas en la zona de  Marin (Eskoriatza). El alférez (Leutnant) W. August Blankenagel resultó muerto al recibir un disparo en el pecho, aunque otras informaciones señalaban que fue en la cabeza, mientras se arrojaba en paracaídas después de ser derribado. Durante esa misma jornada otro aparato se retiró seriamente tocado y aterrizó en territorio amigo 

De https://ladescommunal.underground-arqueologia.com/ficheros/archivos/2018_03/11-santamarinayherrero-actassopa16.pdf


Lo cierto es que el biplano alemán fue «rozando las copas de los árboles y humeando» hasta estrellarse en la ladera de Artzabola, a menos de cien metros de la antigua vía ferroviaria del Vasco-Navarro a su paso de Zarimutz. Pero, contra lo que muchos creen, el piloto no se estrelló con su aparato. El teniente Blankenagel tuvo tiempo de saltar en paracaídas. Lo que le mató fue el disparo que recibió en el pecho.


El origen del disparo es objeto de controversia. El investigador Raúl Arias Ramos señala asépticamente en su obra 'La Legión Cóndor' (Ed. Agualarga, Madrid 2002), que el Wilhelm August Blankenagel murió de un «disparo en el pecho cuando se arrojaba en paracaídas después de haber sido abatido su Heinkel He-51». Pero el autor no aclara la incógnita de si se suicidó para evitar caer en manos enemigas o si por el contrario fue ejecutado in situ por los republicanos a los que tan ardorosamente ametrallaba desde su avión antes de ser abatido.

Tal como relata Ricardo S., las autoridades erigieron una lápida en homenaje al piloto frente a la iglesia de Zarimutz. “Mujeres altas y rubias”, presumiblemente familiares de Blankenagel, acudieron en más de una ocasión para rendirle homenaje. A pesar de ello, el tiempo pareció ser implacable y la estela perdió su posición de preeminente verticalidad frente al pórtico de la iglesia: durante décadas estuvo tirada muy cerca, entre “barro y matorrales”, hasta que un día, “hace no mucho tiempo”, algunos familiares preguntaron por su paradero y la estela fue re-emplazada frente a la iglesia, pero en posición horizontal. Otros vecinos, como Igor (42 años), actual habitante de la casa cural de Zarimutz, recuerda la lápida de Blankenagel tumbada en la hierba “de siempre”, pero sin darle una importancia al pensar que se trataba de una “estela romana”. Con la inscripción original muy deteriorada por el tiempo, la humedad y la proliferación de líquenes, Igor pensaba “que ahí pondría algo en latín”. Y es que, aquí radica una de las razones clave que explica la supervivencia de este tipo de monumentos en el paisaje vasco contemporáneo: al estar escritas en alemán, parece que la incomprensión de su mensaje ha posibilitado su invisibilización o la atenuación de su carácter incómodo o conflictivo.

La existencia durante décadas de un mensaje abiertamente nacionalista español en este rincón de Gipuzkoa parece que sorprendió a Igor. Éste no entendía que el 1 de abril de 2012, precisamente cuando se cumplían 75 años del suceso, varios vecinos del pueblo, realizando trabajos comunitarios (auzolan) en Zarimutz, decidieran erigir nuevamente la estela alemana, construyéndole además un basamento nuevo de cemento. La razón de esta restitución patrimonial, según Ricardo S., radica en que sólo había dos opciones: “ero kendu ero ondo ifiñi” (“o quitarla o ponerla bien”). Parece que el recuerdo de un episodio a “modo de anécdota del pueblo” y el respeto por los muertos prevalecieron sobre una posible lectura política de este hito patrimonial. “Hilak hilak dira”. “Los muertos son los muertos”




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